Amaneceres fríos

Vuelve a casa con las primeras luces del amanecer, las medias rasgadas, los tacones sucios y el alma dolorida. El rimel ya no pinta sus pestañas, ahora mancha sus mejillas. Lo único que sigue intacto es el carmín de sus labios porque nadie la ha besado. A Elisa es lo que menos le importa, siempre y cuando le llenen los bolsillos. Saca las llaves en la puerta de su casa y tiritan de frío. Se apresura a revisar el contestador de su teléfono, solo hay algunos mensajes indecentes, pero ninguno suyo. Se desanima más si cabe y se mete bajo las sábanas, lleva semanas sin probar la coca y, lo que más la duele aunque no lo quiera reconocer, sin probarle a él. Nunca admitirá que le echa de menos, nunca se atreverá a decir en voz alta que se enamoró de él nada más entrar por la puerta.

8 comentarios:

  1. Que preciosamente triste! :S

    Un beso!

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  2. Le traigo un colacao y una manta, porque sí.



    (sonrisadetrapecista)

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  3. Elisa necesita mimos y un poco de valor para atreverse a decirle lo que siente.

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  4. cuesta darte cuenta, pero cuando lo haces, cuesta admitirlo exteriormente.
    ella lo sabe, sin duda.

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  5. Yo creo que él no le conviene, dale fuerzas para seguir adelante!

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